Alejandra Hernandez/ junio 11, 2019/ Biografias/ 0 comentarios

Modesto Hernández Villaescusa. Un intelectual del siglo XIX, eterno enamorado del lugar donde nació: Rafal 

(Biografía por Alejandra Hernández Clemente)

Modesto Hernández Villaescusa (hacia 1915)

ÍNDICE

Prólogo (pág. 4)

Los primeros trece años de su vida (1861-1874. Estudiante de Bachillerato en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela (1874-1880) (pág. 6)

Estudiante de Bachillerato en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela (1874-1880) (pág. 12)

De joven propagandista y universitario en la Ciudad Condal (1880-1883) a profesor en Palafrugell, Gerona (1883-1895) (pág. 20)

Un gran salto profesional: Hernández Villaescusa en la Cátedra de Metafísica de la Universidad de Oñate, Guipuzcoa (1895-1901) (pág. 36)

Regreso definitivo a Barcelona y su vinculación profesional al mundo de la prensa, las editoriales católicas y la Universidad (1901-1936) (pág. 40)

Bibliografía (pág. 58)

Apéndice bibliográfico de Modesto Hernández Villaescusa (62)

 

PRÓLOGO

 Cuando me pidieron que hablara de Modesto Hernández Villaescusa, en el Encuentro con uno de los nuestros, dentro del ciclo de conferencias o encuentros que el Excelentísimo Ayuntamiento de Rafal organizó en el año 2015 con motivo del 375 Aniversario. Memoria y futuro Rafal, me propuse que, mas que dar una conferencia, yo estaba obligada a ser la voz del protagonista y, con ello, intentar que se produjera un verdadero encuentro con un hombre que había nacido hacía ciento cuarenta y cuatro años y que había muerto hacía setenta y nueve.

La muerte y, por consiguiente, la desaparición de un ser humano no debe de ser aniquiladora de la memoria, ni tampoco de los afectos que hacia él me transmitieron los seres queridos que le rodearon un día, hace ya muchos años. El tío Modesto, hermano pequeño de mi bisabuelo Joaquín Hernández Villaescusa (Rafal, 6-1-1856 / 18-1-1898)[1], siempre tuvo un lugar preferente en el álbum de fotografías familiar y mis abuelos y mi padre siempre me hablaron de él con gran cariño y admiración, de sus libros, de su profesión de periodista y editor, de que había sido catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona, de que era políglota y había traducido libros de los católicos alemanes, franceses, belgas e italianos, de que era carlista y, sobre todo, era un convencido y sincero católico que dedicó su vida a la Iglesia y a la propagación de su doctrina, lo que le valió, según mi abuelo, ser amigo personal del papa León XIII. Hasta aquí, parecía todo perfecto y para la mirada de una niña era ver un personaje idealizado, diferente a la mayoría de las personas que me rodeaban, el tío Modesto era como un personaje de película, de los importantes, sólo que lo sentía cercano y propio porque era de los nuestros, de nuestra familia. Pero la mirada de una niña, por mucho que esa niña permanezca dentro de mi, no era la de la mujer adulta que hoy soy y que ha aprendido a mirar con objetividad, guardando y analizando experiencias de vida que

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[1] LA HUERTA, Año I, Nº 88, de 20 de julio de 1907, pág. 3. En este periódico se publicó un comunicado del entonces alcalde de Rafal Martín Salinas Valero, en el que éste da cifras sobre el censo de población del pueblo y dice que “En el año 1898 siendo alcalde D. Joaquín Hernández Villaescusa, obtuvo el indicado censo la  cifra de 407 almas de Derecho y 404 de Hecho…”, por el que sabemos con certeza que Joaquín Hernández Villaescusa fue alcalde de Rafal, dato interesante a incorporar en la historia de nuestro consistorio. Por si fuera de interés de algún rafaleño, hemos de decir también que Joaquín Hernández Villaescusa, hermano mayor de Modesto, se casó con su prima segunda Rosario Marta Gómez Villaescusa, la “Paloma”, mujer que dio apodo a todos los“Palomos” del pueblo, fueran descendientes directos de ella, o de sus hermanos. La Paloma estuvo casada en primeras nupcias con  Francisco García Mula (1860-1886), importante propietario de la zona, hijo de Francisco García de Bigastro y de Concepción Mula de Rafal. Rosario Marta Gómez, la “Paloma” y Francisco García Mula, su primer marido, fueron padres de Francisco García Gómez, el “Pacho”, hombre absolutamente bondadoso y apreciado en el pueblo que ayudó a que una familia de gitanos, a su paso por el pueblo en una cerrada noche de tormenta, tuvieran cobijo en sus tierras y que, después, se quedaran a vivir permanentemente en Rafal, donde se integraron totalmente y donde han nacido varias generaciones de sus descendientes.

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han sido importantes en la transformación política, económica y social llevada a cabo nuestro país a lo largo del pasado siglo XX y que distan mucho de la mirada que Modesto Hernández Villaescusa tuvo sobre la sociedad que le tocó vivir, media vida en el siglo XIX y otra media en el S. XX que nuestro personaje aprovechó muy bien, pues tuvo desde niño una férrea disciplina que aplicó a sus años de estudiante y que continuó aplicando a lo largo de su vida de profesor, periodista, traductor, escritor y propagandista católico. Es justo decir de él que es, hasta ahora, el intelectual más importante que ha tenido un pequeño y humilde pueblo, como es Rafal, donde las oportunidades eran muy escasas en el siglo XIX, pero que él supo muy bien aprovechar cuando estuvieron a su alcance. Es seguro que tuvo apoyos importantes de los jesuitas, pero él devolvió con creces la ayuda que le prestaron en su día. Yo, que no comparto su ideología, debo devolverle a él respeto, objetividad y un relato fiel a su historia y a la Historia, que es mi profesión. Mi afecto hacia él sigue intacto y, hoy, mi voz y mi pluma serán las suyas, para que los rafaleños sepamos quien fue uno de los nuestros.

 

LOS PRIMEROS TRECE AÑOS DE SU VIDA (1861-1874)

Era domingo, y reinaba en España Isabel II (Madrid, 1830-París, 1904), cuando el 24 de febrero de 1861 nació en Rafal Modesto Ginés Matías Hernández Villaescusa. Su segundo nombre lo recibió en honor de su bisabuelo Ginés Hernández y también de su abuelo Ginés Hernández Almarcha, el que era carretero del pueblo, oficio extraordinario en un  lugar  donde  la mayoría de sus habitantes se dedicaban a sacar los frutos de la fértil tierra que riega el río Segura. Por entonces el lugar de Rafal apenas tendría unos 400 habitantes, dado que el crecimiento demográfico acumulado para la provincia de Alicante entre 1857 y 1887 fue de entre un 20% y un 30% y, en 1850, tenía 339 habitantes, según refleja Pascual Madoz (Pamplona, 1806-Génova, Italia, 1870) en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar[1]. El diccionario también nos dice que Rafal tiene, por esos años, 23 casas, ayuntamiento y cárcel, escuela a la que acuden 20 niños, que está dotada con un presupuesto de 800 reales, iglesia parroquial de primer ascenso, servida por un cura del patronato del marqués de Rafal y dedicada a la advocación de Ntra. Sra. la Virgen del Rosario; el cementerio se localiza a corta distancia de la población (lo que nos puede dar una idea de lo pequeño que era el lugar, pues los que conocemos el pueblo sabemos lo pegado que está actualmente el cementerio a las calles del mismo), siendo su terreno de huerta, que es de buena calidad y está regado por una arroba llamada de San Bartolomé, cuyas aguas recibe de la acequia vieja de Almoradí, que las toma del río Segura y de las que se sirven también los vecinos para sus usos, siendo de buena calidad. Sus tierras producen trigo, cebada, aceite y cáñamo, y es su industria la agrícola, (es decir, no tiene industria, salvo la relacionada con el cáñamo o la conservera, pero todavía hecha de manera muy artesanal), teniendo una capacidad productora de 618.833 reales, unos impuestos de 36.810 reales y una contribución de 8.987 reales. El correo se recibe de Callosa de Segura dos veces a la semana, por el conductor que tiene el pueblo (tratándose, con toda probabilidad, del abuelo de Modesto, Ginés Hernández Almarcha) y la población la forman 89 vecinos y 332 almas, lo que significa que, si el diccionario de Madoz nos dice que existían en el lugar 23 casas, el resto, hasta 89 vecinos (viviendas), se completaba con 66 barracas, que eran las viviendas que tenían la mayoría de los habitantes de Rafal, igual que la mayoría de los habitantes de la Vega Baja del  río  Segura.

….Continuará

 

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