AGUSTIN BERTOMÉU SALAZAR in memoriam

Agustín Bertoméu Salazar (Rafal, 23-12-1929 / Majadahonda, Madrid, 14-7-2026)
AGUSTIN BERTOMÉU SALAZAR in memoriam
Eran las 18:44 horas, cuando, el día 15 de julio de 2026, entró en mi teléfono un mensaje que llevaba la triste noticia del fallecimiento de un notable compositor y director de orquesta español. Me quedé clavada. Busqué su esquela, y, su despedida, se había iniciado hacía cuarenta y cuatro minutos. Imposible llegar a tiempo a Majadahonda desde el centro de Madrid.
Le di vueltas a mis sentimientos, diciéndome a mi misma que su muerte era previsible dada su edad, pero, eso, no mitiga la pena, cuando se admira y se tiene verdadero afecto por un ser extraordinario, del que recibí el privilegio de considerarme su amiga, a pesar de nuestra diferencia de edad y de las pocas veces que tuvimos la oportunidad de compartir espacio y tiempo.
Agustín Bertoméu fue un buen amigo de mi abuelo paterno, Joaquín Hernández Gómez, “Quino de la Paloma”, y también lo fue de mis padres. Desde niña tuve ocasión de oír hablar de él, de su gran esfuerzo para concluir sus estudios en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, y, también, de sus posteriores éxitos profesionales y premios nacionales e internacionales. Sin embargo, hasta los años 90 del siglo XX no tuve la oportunidad de conocerle personalmente, pero sí escuchar fuera del ámbito familiar alabanzas hacia él y su obra. Y no venían precisamente de una persona que no supiera lo que decía, pues se trataba de Tomás Marco Aragón (Madrid, 1941), otro afamado y gran compositor de nuestro país, que en la actualidad dirige la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Gran alegría sintió mi madre cuando supo lo que opinaba Tomás Marco, y fue ella la que me insistió en que tenía que conocer a Agustín, pues, viviendo yo en Madrid, no podía dejar de conocer a su admirado amigo de juventud. Pronto consiguió su teléfono y no dejó de insistir hasta que supo que había hablado con él.
De esa llamada recuerdo su gran cordialidad y la afectividad por mi familia y por las gentes de Rafal. Fue muy fácil conectar con él, por eso me atreví a invitarle, junto con su esposa, Mercedes García, a que vinieran a casa a cenar un sábado, donde mi marido, Juan Alarcón Montoya, y yo, tendríamos el placer de recibirles y de presentarles al que entonces era director del Museo del Prado, José María Luzón Nogué, y a su esposa, la arqueóloga María del Carmen Alonso, que iban a compartir mesa con nosotros. Me guardé de decirle que también estarían Tomás Marco y su esposa y musa, María Rosa Cepero, pues, quise que el encuentro fuera para él una grata sorpresa, como así fue.
Nunca olvidaré ese encuentro del mes de abril de 1996. La tertulia fue de lo más interesante, pues la conversación giró en torno a la cultura, el arte, la administración pública, la gestión y organización del patrimonio y las dificultades que tenía la difusión de la música contemporánea, lo que preocupaba grandemente a los dos compositores.
Parecía que fuéramos amigos de toda la vida. Y, he de decir, que mucho tuvieron que ver en ese ambiente las tres amigas invitadas: Mercedes, María del Carmen, Maca para los amigos, y María Rosa.
Después de este feliz encuentro, me quedó la impresión de haber conocido a un hombre de una elegancia suprema, resultado de una personalidad compleja, llena de singular creatividad, sobriedad y rigurosidad, destacando, sobre todo, su bondadosa serenidad.
No había lugar a la preocupación por su obra, pues, apenas unos meses después, el domingo, día 11 de agosto de 1996, se estrenó en el Festival Internacional de Santander, de forma absoluta, el Concierto para Flauta y Orquesta de Agustín Bertoméu, obra encargada por el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea para el citado festival, que interpretó la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por el maestro Max Bragado, siendo el flautista Antonio Arias el intérprete solista. De ese concierto, en conversación con su amigo y colega Mariano Bas, dice Arias: “…tuve el honor de estrenar su concierto…muy bonito, muy bonito…muy distinto a todos. Yo creo que, al nivel de los mejores, pero en otra dimensión…creo que no hay dos notas picadas en todo el concierto…todo «legato»…habla, yo creo, muy poética… disfruté mucho tocándolo y estudiándolo. Y…después propuse hacerlo en el Festival de Alicante… hubiera sido bonito hacerlo en Alicante… me salieron con pretextos… me quedé con esas ganas, sobre todo porque él hubiera disfrutado en su tierra…”
Esto dice de la obra del maestro el prestigioso artista, pero, cuando habla de Agustín Bertoméu como persona, dice: “…era una persona que irradiaba una calidad humana extraordinaria…no era solamente en lo musical o en las conversaciones sobre su música…sino, esa cordialidad y ese sentido humano que tenía que está por encima de otra cosa, como debe de ser…como debería de ser siempre…era cuestión espiritual…no sé definirlo…no encuentro las palabras adecuadas…Siento que no se haya podido hacer el homenaje que pensábamos…pero… en cualquier caso, su legado musical y humano ahí lo tenemos…como una riqueza.
No puedo estar más de acuerdo. Siento lo mismo que Antonio Arias. Pienso y recuerdo su cordialidad, su generosidad y su atención con mi esposo y conmigo el 10 de febrero de 2003, en el Auditorio Nacional de Madrid, cuando en la Sala Sinfónica fue estreno absoluto su Concierto para un español rutilante. Él era el protagonista de la noche, y, sin embargo, estuvo pendiente de todos los que le rodeábamos, con una amabilidad exquisita.
La última vez que hablé con él fue una conversación por teléfono muy larga, mas de una hora, pues me llamó para agradecerme la carta que le llegó de mano de su hija Mercedes, carta que le entregué para él después del acto que se celebró en enero de 2024 en el Auditorio Arte Musical de Rafal, nombrándole Hijo Predilecto de la Villa de Rafal, acto al que no pudo asistir por motivos de salud.
Esa conversación queda guardada en mi corazón, con afecto y agradecimiento, pues habló el hombre que nunca olvidó a los suyos, a sus gentes de Rafal, al pueblo más pequeño de la Vega, que nos vio nacer, a él y a mí, creando un lazo de unión afectiva inquebrantable, que nos llenó de emoción a los dos, haciéndonos llorar y reír al mismo tiempo. Me contó muchas cosas, que quedan para mi como un tesoro. Por eso, hoy, no voy a hablar de su brillante carrera artística y profesional, me remito a la Fundación Juan March, que guarda su legado, a la hemeroteca que recoge noticias de sus éxitos y premios, a la prensa gallega, que llena de alabanzas y llora la pérdida del maestro que enseño a propagar su música popular, a las tesis doctorales que hablan de su obra, a las publicaciones que le incluyen en la Generación del 51, a la crónica que de él escribió nuestro buen amigo y cronista de Rafal, Antonio Mula Franco,… en fin, a tanta y tanta documentación que está al alcance de todo aquél que esté interesado en conocer al mejor compositor de la Comarca de la Vega Baja del Segura, con proyección nacional e internacional, que ha hecho importante a su pueblo, por haber nacido y pertenecer a esta tierra.
Mi queridísimo Agustín, gracias, mil gracias, mi admirado y buen amigo.
Que las estrellas y el universo se vean impregnadas de tu alma.
Alejandra.

Querida Alejandra, imposible añadir algo más a tu íntima y entrañable «In memoriam». Gracias. Qué hermosos son los recuerdos que no se borran, los que permanecen intactos, eternos, en el corazón, tal y como tú lo has hecho., con la imposibilidad de no llorar por dentro, y porqué no por fuera, también, cuando recordamos a un ser querido. Sé que son lágrimas que caen en silencio, hechas de ausencia y de sombra. Sin embargo, qué hermosos son los recuerdos que no se borran, los que permanecen intactos, eternos, en el corazón. Dicen que solo muere quien se olvida, y es cierto. Hay personas que siguen vivas entre nosotros, tu Juan, Agustín, incluso cuando no están. Viven en su apoyo incondicional, en su empatía infinita, en sus abrazos, y sobre todo, en su amor. Porque el amor verdadero no se puede destruir. Es un latido invisible, un refugio eterno que nos habita hasta el final de nuestros días. Ojalá la madre naturaleza sea tan generosa con ellos como ellos, tu Juan, Agustín y otros lo han sido con nosotros. que descansen en paz. Muchísimos besos, mi querida amiga Alejandra.
Querido Antonio, querido amigo:
Gracias por tus afectuosas palabras
Un abrazo enorme. Besos.